El sábado, a escasas horas de la cita que reúne a Real Madrid y Barcelona, el entrenador portugués José Mourinho ofreció sus reflexiones a la prensa citada por AFP. El técnico subrayó que su escuadra no se puede calificar como un producto acabado, una expresión que, según él, rara vez se ajusta al dinámico mundo del fútbol.
Mientras el Barça llega al enfrentamiento con dos años de trabajo bajo el mando de Hansi Flick y ya ha conquistado dos títulos ligueros, el conjunto merengue acaba de iniciar una nueva etapa bajo la dirección de Mourinho, quien retomó el cargo en el verano boreal. El Real ha sumado cuatro victorias consecutivas, pero aún se encuentra a seis puntos del líder azulgrana, ocupando la tercera posición de LaLiga.
Mourinho y la idea de un producto no terminado
En la rueda de prensa, el entrenador explicó que el concepto de «producto acabado» en fútbol es prácticamente imposible. «Se nos mira como un producto acabado y los productos acabados en el fútbol son muy difíciles, porque nunca están acabados», declaró Mourinho. Añadió que su equipo «es un producto… ahora mismo iniciado», resaltando que jugadores y cuerpo técnico continúan conociéndose y ajustando sus estilos.
Periodo de trabajo y expectativas
Mourinho recordó que lleva tres meses trabajando con el conjunto, aunque, si se excluye la llegada escalonada de los internacionales tras el Mundial y la ventana internacional de octubre, el tiempo efectivo de entrenamiento se reduce a mes y medio o dos meses. Esta breve etapa, indicó, no permite una comparación justa con equipos que acumulan décadas de trayectoria. Asimismo, señaló que será la primera vez que dirija un clásico desde su pasada etapa en el club, entre 2010 y 2013.
Implicaciones para el próximo encuentro
El técnico también abordó la influencia de resultados recientes. Después de la derrota del Barcelona ante el PSG el miércoles, Mourinho sostuvo que «en los clásicos creo que lo que has hecho antes no tiene ninguna influencia». Reconoció al joven atacante Lamine Yamal como «un gran jugador», pero dejó claro que el respeto no implica cambiar planes ni olvidar la propia esencia del equipo.
Con estos argumentos, Mourinho convenció a su cuadro de que el clásico es una cita única, que el mundo del fútbol detiene su mirada para ella. El mensaje central se mantiene: el Real Madrid sigue en fase de consolidación y cualquier comparación con un Barcelona ya consolidado resulta, a su parecer, injusta y prematura.



