En un estrecho callejón del barrio Linden, en Columbus, Ohio un hombre de 48 años llamado Mike prepara una pequeña cantidad de fentanilo sobre papel de aluminio. Con una pajita y un encendedor, calienta la sustancia y la inhala, mientras comenta con voz cansada: «Esta droga prácticamente te hará hacer cualquier cosa, por desgracia». El precio de la dosis oscila entre tres y cuatro dólares, pero el riesgo es mucho mayor.

Mike, veterano del ejército, lleva veinte años atrapado en la dependencia de opioides. Trabaja en una casa de empeños y en una gasolinera, lo que le permite financiar el consumo diario. Mientras fuma, se apoya en la cerca del callejón, emitiendo un gemido bajo que parece una canción lejana. Su mirada, con pupilas que se contraen hasta convertirse en puntos diminutos, refleja la intensidad de la droga.

Fentanilo y adulterantes: una combinación letal

El fentanilo es un opioide sintético que supera entre 50 y 100 veces la potencia de la heroína. En la actualidad, suele mezclarse con tranquilizantes para animales grandes como la xilazina y la medetomidina compuestos que prolongan el efecto del opioide pero ralentizan la respiración. «Tranquilizantes para animales grandes», explica un especialista en rehabilitación, subrayando que la naloxona (Narcan) no revierte su acción.

Mike confirma que sus granos están «adulterados con xilazina y con esa que no podemos pronunciar», refiriéndose a la medetomidina. Estas sustancias pueden causar úlceras cutáneas necróticas y heridas profundas que llegan al hueso, haciendo imposible su tratamiento. La combinación de fentanilo con estos aditivos crea lo que autoridades describen como «una amenaza casera», capaz de producir una sobredosis irreversible: «Si inhalas demasiado, no hay vuelta atrás».

Respuestas comunitarias: esperanza en medio del caos

Al otro lado de la ciudad, en la iglesia de Glenwood se reúne semanalmente la Hope Dealer Community (Comunidad de Proveedores de Esperanza). Los asistentes comparten testimonios crudos y a veces desgarradores. Uno de los relatos proviene de julio de 2022, cuando un paramédico, tras aplicar naloxona tres veces sin éxito, exclamó: «Ya está, lo dejo aquí». Sin embargo, otro socorrista insistió en una cuarta dosis y salvó la vida del paciente.

Tonya, otra participante, narra la muerte de su sobrino por sobredosis mientras ella misma luchaba contra una intoxicación simultánea de crack adulterado con fentanilo. «No es suerte. Se supone que debo estar aquí», pronuncia entre lágrimas, mientras el público la anima. El líder del grupo, Scott Sanders de 65 años, destaca que el 78 % de las sobredosis mortales en el condado de Franklin en los últimos 12 meses se deben a estimulantes contaminados con opioides.

Sanders, que lleva casi una década sobrio, colabora con los CDC en un programa de muestreo de drogas: los usuarios entregan pipas o jeringas para análisis que revelan la presencia de fentanilo, medetomidina y xilazina. Los resultados confirman la sospecha de Mike: los “cócteles” actuales combinan crack, metanfetamina y aditivos sintéticos, creando una mezcla más peligrosa que la droga adulterada tradicional.

El alcance nacional y la respuesta de la justicia

El auge de las drogas sintéticas no se limita a Ohio. En Chicago, el condado de Cook experimentó un repentino aumento de muertes por sobredosis en 2023, vinculadas a papel impregnado de cannabinoides (K2) y otras sustancias. Según el sheriff Tom Dart, se hallaron documentos quemados en celdas, una técnica novedosa para introducir drogas en la prisión.

Mientras tanto, los programas de distribución gratuita de naloxona, como la máquina expendedora en la estación de metro de Oak Park, intentan mitigar la ola mortal que alcanzó su punto máximo en 2022 con 110 000 muertes en EE.UU., y que el año pasado descendió a 70 000. Aún así, la crisis persiste, y la proliferación de laboratorios caseros que fabrican fentanilo y sus adulterantes en sótanos y bañeras sigue alimentando la epidemia.