El 5 de noviembre se dio a conocer el estudio titulado “Memes, libertad de expresión y participación juvenil en Venezuela”, elaborado por La República TV y la ONG Laboratorio de Paz. El documento examina 112 piezas de humor gráfico que fueron presentadas al concurso “Memes para no callarme”, abierto en septiembre de 2026. Dicha iniciativa buscó captar la manera en que la juventud venezolana utiliza el formato meme para expresar sus inquietudes políticas en un entorno cada vez más restrictivo.
El contexto que alimentó esta explosión creativa es la profunda escalada de la represión tras las elecciones presidenciales de 2024. Según datos de la ONG Foro Penal, el gobierno liderado por el PSUV detuvo de forma arbitraria a 2014 personas, de las cuales 173 eran adolescentes. Meses después, la organización Cecodap confirmó que 118 de esos jóvenes fueron imputados bajo la llamada Ley contra el Odio, normativa que la sociedad civil denunció repetidamente como un instrumento para silenciar la libertad de expresión. Ante este panorama, los jóvenes recurrieron al meme como vía de evasión de la censura y como medio para disminuir el temor generado por los habituales registros de teléfonos móviles.
Los memes como respuesta creativa a la censura
Para el director del Laboratorio de Paz, Rafael Uzcátegui, compartir una imagen humorística bajo un clima de represión permite “restablecer vínculos” que la autoridad había quebrantado. Como él mismo indicó, «Alguien más había identificado el absurdo, la contradicción o la arbitrariedad». Aun así, los autores del informe advierten que el meme no constituye una solución estructural: «No sustituye la organización social, no modifica por sí solo las relaciones de poder ni ofrece garantías frente a la violencia estatal. Incluso puede funcionar como una válvula de escape que permita soportar situaciones que deberían provocar indignación. O la locura. Pero tampoco es una actividad políticamente irrelevante». En este sentido, el humor digital se presenta como una herramienta de resistencia, pero no como un sustituto de la lucha colectiva.
Cambios políticos y persistencia de la represión
El 3 de enero de 2026 marcó la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, hecho que dio lugar a un gobierno interino respaldado por Estados Unidos y que, según los analistas, redujo “dos niveles” la intensidad represiva. Sin embargo, la sociedad civil sostiene que la disminución es insuficiente: los aparatos de seguridad del Estado continúan operando y el PSUV pretende realizar «reformas cosméticas» en leyes como la Ley del Odio. Por tanto, aunque la figura del gobierno haya cambiado, la estructura de control y censura permanece vigente, obligando a los jóvenes a buscar nuevos canales de expresión.
Resultados del concurso “Memes para no callarme”
Distribución temática de los 112 memes
Del total de propuestas, 54 piezas (equivalente al 48,21 %) abordaron directamente la política, criticando la gestión del gobierno interino, la falta de elecciones presidenciales y los acuerdos petroleros poco transparentes con Norteamérica. Un segundo bloque, formado por 31 memes (27,67 %), centró su crítica en la administración del Estado, señalando deficiencias en servicios básicos y trámites burocráticos. Además, 11 obras se enfocaron en la economía, denunciando la inflación y la escasez de poder adquisitivo.
Otras temáticas incluyeron derechos humanos (tres memes sobre libertad de expresión), justicia transicional (seis piezas), educación de calidad y autonomía universitaria (seis), y migración (una). El informe subraya que, a pesar de la aparente vitalidad del discurso, muchos autores optaron por el anonimato para protegerse del clima de intimidación que aún persiste.
Reflexiones sobre la función del meme en la esfera pública
El politólogo Ayrton Monsalve sintetiza la importancia de estos formatos visuales: «Existe crítica, pero también expectativa; existe denuncia, pero algunas piezas incorporan demandas; existe frustración, pero no toda representación del futuro está cerrada». Según su análisis, los memes reúnen al menos tres características esenciales de la libertad de expresión: criticar al poder sin necesidad de extensos argumentos, señalar vulnerabilidades actuales y proyectar ideales democráticos. Reconocer a los jóvenes como sujetos de derechos civiles y políticos implica aceptar que pueden cuestionar y crear desde códigos propios, aun cuando estos difieran de los lenguajes tradicionales de la política.



