En La Guaira, las paredes que resistieron los terremotos están ahora cubiertas de propaganda gubernamental. El logo de Venezuela Renace se ve en cada rincón, desde el distribuidor El Trébol hasta la zona del aeropuerto. Mientras tanto, a menos de diez kilómetros, en la urbanización Caribe en la parroquia Caraballeda cientos de familias continúan buscando a sus seres queridos entre los escombros.
El edificio Residencias Caribe con sus 400 apartamentos distribuidos en cuatro torres, albergaba a más de mil personas antes de los sismos. Hoy, tras 57 días, la búsqueda de desaparecidos sigue siendo una tarea ardua y desesperante para los residentes.
La búsqueda desesperada de los vecinos
Mari Laya de 42 años, perdió a su esposo Salvador Oviedo quien trabajaba en un local de comida en la planta baja del edificio. Desde entonces, Mari ha dedicado sus días a buscar el cuerpo de su esposo entre los escombros. Además de su pérdida, Mari también perdió su vivienda en Tanaguarena y ahora pernocta en casa de su madre.
Mari relató que, durante gran parte de estos 57 días, los vecinos han tenido que organizarse para buscar a sus familiares. Hubo un tiempo que no teníamos quien nos buscara los cuerpos, entonces era esperar a que alguien sacara a su familiar para pedirle que nos ayudara a buscar el nuestro contó a Efecto Cocuyo el 20 de agosto.
El uso de maquinaria pesada para remover los escombros ha sido costoso, cubierto con donaciones y préstamos comunitarios, ya que la mayoría de los vecinos perdieron todo su patrimonio. Además, el acceso a la zona de rescate se ha vuelto más difícil para Mari debido a su situación como madre soltera de dos niñas.
El vecino que asumió las labores de rescate
Juan Andrade de 28 años, residente de Residencias Caribe desde hace unos 12 años, se ha convertido en una figura clave en las labores de rescate. Con la ayuda de vecinos, logró sacar con vida a nueve personas y a un gato, además de contribuir en la recuperación de decenas de cuerpos.
Los primeros días fueron desesperantes, según Andrade. La ayuda institucional tardó entre tres y cuatro días en llegar, solo después de que un video suyo, grabado por una reportera internacional, circuló en redes sociales. A partir de ahí, llegaron militares, bomberos y personal de obras públicas, aunque no todos los efectivos desplegados participan activamente en las labores.
Un sondeo reciente con cámaras y drones estimó que aún quedan entre 72 y 73 personas por rescatar en la zona, aunque la cifra podría variar por fallas técnicas del equipo. Andrade explicó que el nivel de agua en el sótano del edificio volvió a subir en los últimos días, complicando el acceso a las áreas colapsadas.
Necesitamos que traigan motobombas a la zona y más personal de ayuda; todavía tenemos posibilidades porque hay marcas que no coinciden con los cuerpos ya recuperados, pidió Andrade.
Voluntarios sostienen lo que el Estado no cubre
En las OPP de la urbanización Caribe, los vecinos continúan acompañando las labores de rescate. María González residente de la zona, ha estado apoyando la recuperación de cuerpos junto a otros vecinos. Ha sido difícil, pero estoy aquí ayudando a mis vecinos a tratar de recuperar los cuerpos de sus familiares, contó González.
El último cuerpo recuperado en la zona correspondía a una mujer que hasta el momento no había sido identificada y fue llevada por las autoridades a la morgue improvisada de Los Silos. A pesar de que la ayuda ha disminuido con el paso de los días, todavía hay quienes se mantienen firmes en las labores de apoyo en La Guaira.
Geraldin Cubillán entrenadora física conocida en la zona, se ha convertido en una de las voluntarias que ha sostenido la hidratación y alimentación de los equipos de rescate desde el primer día. A pesar de haber sufrido pérdidas propias por el sismo, continúa llevando bebidas de papelón con limón, comida y avena caliente a quienes trabajan en la remoción de escombros.
Nosotros también sufrimos pérdidas, pero eso no bastó para detenernos; nuestra fuerza es ayudar a los rescatistas, afirmó Cubillán. La entrenadora explicó que sostiene esta labor gracias a colaboradores que le hacen llegar dinero o insumos, e indicó que quienes deseen apoyar pueden contactarla en Instagram y TikTok a través de la cuenta @geralfitness.
Refugios improvisados y la lucha por la recuperación
En el sector Playa Verde, en Catia La Mar, varias familias construyeron sus propios refugios sobre la avenida. Yanet Iriarte de 43 años, vive junto a sus cuatro hijos en una carpa que desde hace dos meses resiste lluvia, sol y sereno.
Iriarte y varios de sus hijos han padecido infecciones respiratorias recurrentes, y su nieta desarrolló escabiosis y luego pulmonía. Ella es hipertensa y ha cambiado de medicamento varias veces por descompensaciones. Logró instalar un aire acondicionado en la carpa, pero no siempre puede usarlo, ya que un vehículo dañó el cableado eléctrico de la zona y no tiene recursos para comprar los cables necesarios para conectarlo a una fuente estable.
Desde que estamos aquí no he recibido ninguna ayuda de ningún lado del gobierno. Todas las personas que nos han ayudado han sido voluntarios y familiares que mandan recursos desde afuera, denunció Iriarte.
Hace unos días, un aguacero volvió a inundarle la carpa y le dañó parte de la ropa y la comida, pero aun así Iriarte prefiere quedarse ahí antes que irse a un refugio formal, porque ya vivió eso una vez: en 1999, cuando su familia quedó damnificada, su madre esperó años por una vivienda que el gobierno nunca le dio y murió esperando.
Yo tuve una experiencia en un refugio en el año 99 y de verdad que no me gustaría volver a pasar por eso, aseguró Iriarte. Su esposo, mecánico que solía trabajar en Caracas, no ha podido retomar sus labores porque el vehículo con el que se trasladaba resultó dañado por el doblete sísmico.
Iriarte también señaló irregularidades en la distribución de las donaciones dentro de la comunidad: Las ayudas que llegan se las agarran los de los consejos comunales. Lo mejor es que entreguen las cosas directamente, en las manos de cada quien.
Aunque su vivienda fue marcada con etiqueta roja, Yanet no pide una casa nueva, sino que las autoridades la ayuden con materiales para repararla, considera que la estructura aún se puede salvar. Yo no les pido una casa, porque sé que hay gente que la necesita más que yo. Solo necesito cemento, unos bloques, arena y piedra para poder arreglar la mía.



